La Teta Asustada
A raíz de la premiación con el Oso de Oro de “La Teta Asustada”, película de la cineasta peruana Claudia Llosa, se ha colocado en el debate público la temática de la violencia sexual durante el conflicto armado interno que vivió el Perú durante dos décadas.
La Teta Asustada es un término que Theidom(1) desarrolla luego de hacer una investigación en Ayacucho, donde recoge y hace un análisis de testimonios de personas afectadas por el conflicto armado interno. La autora señala que los comuneros y comuneras de estas zonas hablan del efecto dañino que tienen la violencia y el terror en las mujeres y los hijos de éstas, así como en la comunidad en general. Es decir, las memorias dañinas y la violencia se transmiten de generación en generación, más cuando éstas no han sido procesadas ni elaboradas.
Como refiere Viñar(2) “el torturado, el perseguido, el asesinado, son convertidos por la violencia en deshechos de su propia humanidad. Los desaparecidos se transforman en almas en pena, siendo representantes del aniquilamiento del sistema”.
Beristain(3) refiere que de todas las formas de violaciones a los derechos humanos, la violencia sexual es la más difícil de denunciar, porque, a diferencia de las personas desaparecidas o torturadas que terminan siendo heroificadas por su comunidad y por la misma sociedad, las mujeres víctimas de violencia sexual son señaladas, culpabilizadas y estigmatizadas por sus propias parejas, familias y la sociedad que las condena.
Como señala Silva Santisteban(4), la violencia sexual sería una forma de basurización simbólica. Esta estrategia de guerra, utilizada por el Estado, tendría como objetivo sacar a estas mujeres del sistema, evacuándolas, humillándolas y sometiéndolas, para así permitirse la victoria responsabilizando a la víctima del hecho de violencia sexual, refiere la autora.
A raíz del trabajo que DEMUS viene realizando con mujeres afectadas por la violencia sexual durante el conflicto armado interno, recogimos de la voz de ellas mismas que la afectación a su salud mental, producto de la violencia, no sólo las alcanzó a ellas y a las generaciones que directamente la vivieron, sino que es “un mal que se transmite a través de la lactancia y la alimentación misma y que así va propagándose de generación en generación(5)”. Es decir, que todo hecho que es vivido como traumático y que no se procesa va
a ser transmitido de forma simbólica a las siguientes generaciones y va a quedar inscrito en su memoria e identidad.
Por otro lado, es importante señalar que, a partir del encuentro con esta comunidad, hemos podido conocer formas alternativas de abordar las secuelas de la violencia y que están en directa relación con los recursos y potencialidades de las propias comunidades. El Allin Kausay(6) es el bienestar que se logra a partir de un cierto equilibrio entre los diferentes elementos del mundo interno, así como las relaciones interpersonales y la interacción con la naturaleza, el cual se ve quebrado ante la irrupción de la violencia, más cuando ésta es ejecutada por el propio Estado que luego no asume su responsabilidad.
La CVR reportó 538 casos de violación sexual, de los cuales el 83% fue perpetrado por agentes de las Fuerzas Armadas. Sofía Macher, presidenta del Consejo de Reparaciones ha señalado que a la fecha hay 2021 mujeres registradas como víctimas en el RUV por la afectación de violencia sexual(7), sin embargo es realmente preocupante el que ninguna de ellas haya sido acreditada como víctima a la fecha.
Esta realidad nos devuelve a la obligación del actual gobierno de generar las condiciones necesarias para que la totalidad de mujeres afectadas por este tipo de violación de derechos humanos pueda registrarse como víctimas y sean acreditadas, además de ser reparadas de forma integral atendiendo sus necesidades en salud mental.
Para ello es necesario que haya una voluntad política que se refleje en la asignación de mayor presupuesto desde la CMAN(8) al Consejo de Reparaciones, así como un manejo adecuado de las reparaciones tanto individuales como colectivas, las cuales a la fecha se han venido manejando con un corte asistencialista que le quita su verdadero sentido.
Es urgente que el Congreso apruebe una ley de salud mental que permita exigir a las entidades respectivas la asignación de un presupuesto para la prestación de servicios de salud mental, dirigidos a atender las necesidades específicas de las mujeres víctimas de violencia sexual. Es igualmente necesario el reconocimiento, por parte del Estado y la sociedad en general, de que la violencia sexual durante conflicto armado constituye un delito de lesa humanidad.
20 de febrero de 2009.
DEMUS, Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer.
Elaboración de Alerta: Paula Escribens Pareja.
463-1236, 4638515
www.demus.org.pe
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(1) Theidom, K. (2004) “Entre Prójimos. El conflicto armado interno y la política de la reconciliación en el Perú”. Lima: IEP.
(2) Viñar, M. (2008) “Violencia política extrema y transmisión transgeneracional”. En: Los Laberintos de la Violencia. Buenos Aires: APA Editorial.
(3) Beristain, C. (2007) “Tendiendo puentes: la dimensión de la justicia en la cosmovisión de las víctimas”. En: Justicia y Reparación para mujeres víctimas de violencia sexual en conflicto armado”. Lima: Consejería en Proyectos.
(4) Silva Santisteban, R. (2008) “El factor asco”. Lima: Red para el desarrollo de las ciencias sociales en el Perú.
(5) Escribens, P y otras. (2008) “Reconociendo otros saberes: salud mental, justicia y reparación”. Lima: DEMUS.
(6) Término que significa “buen vivir” y que alude directamente a la concepción de salud mental en el mundo andino
(7) http://blog.dhperu.org
(8) La CMAN es la Comisión Multisectorial de Alto Nivel, órgano encargado de las reparaciones a las víctimas de la violencia política, presidida por el Presidente del Consejo de Ministros, Dr. Yehude Simon Munaro, en representación del Presidente de la República, Dr. Alan García Pérez. |