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Pronunciamiento de la Defensora del Pueblo sobre el Museo de la Memoria
La noción de pertenencia a una comunidad de hombres y mujeres realmente
libres e iguales nos mueve a apenarnos cuando muere alguno de nosotros.
Este sentimiento nos fuerza a recordarlos, a no olvidarlos nunca. Recordar
debe ser siempre un acto de reflexión y sabiduría, un acto que –cuando somos
libres del odio, el racismo y la intolerancia– nos permite proyectarnos al futuro,
con firmeza y esperanza en que lo mejor está por venir.
La unidad de las naciones se cimienta en la igualdad, la libertad y la justicia, no
en la intolerancia, el odio y la injusticia. De esta premisa básica e
incuestionable se deriva la necesidad apremiante de verdad, y de que los
pueblos necesitan conocerse a través de la verdad.
De esta visión deriva la tendencia internacional de construir Museos de la
Memoria, y el reconocimiento de éstos como espacios de reflexión contra el
olvido, mediante el otorgamiento de Premios como el que concedió el Príncipe
de Asturias al Museo de la Memoria del Holocausto de Jerusalén, en Israel, a
propuesta de la Canciller de Alemania.
Las imágenes de la Muestra Fotográfica ‘Yuyanapaq’ constituyen, sin duda, un
testimonio dramático y conmovedor, destinado a remecer nuestra conciencia
ante su objetiva advertencia: las víctimas tienen derecho a la memoria de la
sociedad y del Estado. La memoria que ahí se registra –en imágenes
impactantes– pertenece a las mujeres y hombres del Perú, para que, al verla,
se duelan con esas madres y hermanas, con esos padres e hijos, que lo
perdieron todo en esa tempestad, y para que la solidaridad los acerque y nos
acerque como peruanos.
EN RAZON DE ELLO deseo exhortar al Poder Ejecutivo a reconsiderar su
decisión y aceptar la donación del generoso pueblo alemán.
Lima, 27 de febrero del 2009 |