Doce años después, los que mueren son los mismos

Por Admin AD / 01.09.2015

Investigadora Cecilia Tovar apoya la Ley de Búsqueda de Desaparecidos de la época de la violencia en su columna de opinión.


Doce años después, los que mueren son los mismos

PQNSR, 01 de septiembre de 2015.- Compartimos la columna de Opinión de Cecilia Tovar sobre la situación de las personas desaparecidas de la época de la violencia política después de 12 años de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación - CVR. La columna fue publicada el jueves 27 de agosto en el diario La República.

A continuación, el texto de opinión de la investigadora y miembro del Instituto Bartolomé de las Casas:

Doce años después, los que mueren son los mismos

Por Cecilia Tovar Samanez

El diario “Exitosa”, del jueves 20 de agosto, traía la siguiente terrible noticia: “Hallan restos óseos de 50 campesinos. Habrían sido asesinados en los 80s por los denominados ‘Sinchis’. Se trata de “niños, mujeres y ancianos… hallados en cinco fosas en el Centro Poblado de Oronccoy, distrito de Chungui, en Ayacucho”.

No es el primer hallazgo ni, desgraciadamente, será el último. La región está llena de fosas y se está muy lejos de sacar a luz todos esos cuerpos que sus familiares nunca pudieron enterrar dignamente. Por eso, este año, estamos llamados por el Movimiento Ciudadano Para que no se Repita, a demandar la aprobación de la ley de búsqueda de personas desaparecidas, teniendo en cuenta que existen más de 15,000 y muy poco se ha avanzado en encontrarlas; como si no importaran.

En estas semanas también vemos noticias que se repiten cada año: niños y ancianos de la sierra mueren de frío, pierden sus animalitos, y la ayuda llega tarde, como si no se supiera que las heladas iban a darse; como si estas personas no importaran; porque no es el frío lo que mata, es el desprecio y el olvido. En efecto, en muchos países nieva y hiela cada año, pero la gente no muere; sus vidas importan, tienen vivienda y ropa adaptada al clima y abrigo para su ganado.

Supongo que ustedes, como yo, notan que los que sufren y mueren en estas dos situaciones son los mismos, los pueblos olvidados de las alturas, donde fueron empujados al perder sus tierras comunales a manos de los poderosos, como relata la última escena de ‘El mundo es ancho y ajeno’, de Ciro Alegría: “¿Adónde iremos? ¿Adónde?”.

Hace doce años, un 28 de agosto, La Comisión de la Verdad y Reconciliación presentó su Informe Final, tras dos años de intenso trabajo. En un discurso memorable, su presidente, Salomón Lerner, señaló que “de cada cuatro víctimas, tres fueron campesinos o campesinas cuya lengua materna era el quechua. Se trata, como saben los peruanos, de un sector de la población históricamente ignorado por el Estado y por la sociedad urbana, aquélla que sí disfruta de los beneficios de nuestra comunidad política… estas dos décadas de destrucción y muerte no habrían sido posibles sin el profundo desprecio a la población más desposeída del país, evidenciado por miembros del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL) y agentes del Estado por igual, ese desprecio que se encuentra entretejido en cada momento de la vida cotidiana de los peruanos” (Salomón Lerner F., Discurso de Presentación del Informe Final de la CVR. Lima,28 de agosto, 2003).

El desprecio continúa, los campesinos quechuas (y también los pueblos de la selva cuyas aguas están contaminadas por el petróleo) siguen muriendo, como si no hubiéramos aprendido nada de los años de violencia.

Los años de crecimiento económico no los han beneficiado, los gobiernos no se han preocupado de mejorar sus condiciones de vida, como tampoco se han preocupado de encontrar los cuerpos escondidos en las fosas.

Esto tiene que cambiar. El Perú debe tratar con justicia a todos sus ciudadanos, si quiere ser un país digno. Empecemos por encontrar a los desaparecidos y permitir a sus familiares cerrar el duelo; exijamos que se masifiquen las experiencias que ya existen de construcción de casas adaptadas al clima, y de cobertizos y alimento para los camélidos y ovejas.

Son peruanos como nosotros, son hermanos. Un país no puede tener ciudadanos de primera y de segunda, no podemos tolerar más la discriminación ni la indiferencia. Esa es la lección a aprender de tanta sangre derramada, de tanto sufrimiento de los humildes. Que no haya sido en vano.

* Filósofa. Investigadora y miembro del Instituto Bartolomé de las Casas.

 


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